Hace algunos años, en la legendaria Mesa Política de Monitor, propuse una tipología del voto que incluía: “el voto duro”, el de los más afines, cercanos y/o “amarchantados”; el “de castigo” que reprueba a los candidatos del partido cuyo gobierno entrega malas cuentas (éste se vincula con “el voto en defensa propia” que emite el elector que se siente amenazado por la trayectoria o las propuestas de un candidato o de un partido).

“El aspiracional” de electores que votan por figuras que representan un modelo a imitar o admirar; “el voto ético o ideológico” de ciudadanos que sufragan a partir de las posturas que adoptan los candidatos o sus partidos en temas que estima cruciales, como el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo.

“El voto útil” o “estratégico” que pretende incidir en el resultado aun cuando el candidato no sea el de sus preferencias; “el voto por conveniencia” que responde a las ventajas que el ciudadano imagina obtener con el triunfo de ese candidato.

“El voto chingue a su madre”, aportación del maestro Gabriel Díaz Rivera, de quienes votan a lo tarugo y “el voto reflexivo” que responde a un análisis riguroso sobre el candidato, su trayectoria, su equipo y sus propuestas.

A aquella tipología se agregan hoy “el voto switcher” del elector cambiante o inestable que en ocasiones muda su voto en el último minuto; “el voto cruzado” que lleva a votar de manera diferenciada por el candidato presidencial y por otros candidatos de las posiciones en juego (gubernatura, congreso, alcaldía) y “el voto Tik Tok”.

Hay un segmento de jóvenes que miran la política con hastío y desinterés, que han escuchado de sus padres y de los adultos que la política es algo sucio y que todos los políticos son corruptos, lo que confirman con la información que difunden todo el tiempo los medios de comunicación, entonces, toman distancia de los partidos y de las elecciones, se extravían en la música, la moda, el desmadre… y se refugian en las redes sociales.

En Estados Unidos se especula sobre el impacto que podría tener en la elección presidencial que Taylor Swift (272 millones de seguidores) repitiera su apoyo al presidente Biden y a los demócratas, como lo hizo en 2020. Swift le llega a los millennials, por eso Donald Trump le teme.

En México, una de las claves de la permanencia del PVEM reside en el uso de influencers para inducir el voto de los jóvenes. En las elecciones de 2021 —según reveló el INE—, los “verdes” pagaron un millón de dólares a 92 influencers.

Lo cierto es que, como afirma la periodista Yuriria Sierra, “la música, el humor, la creatividad y la autenticidad son elementos que resuenan con la generación joven. Los candidatos que logren entender estos códigos y utilizarlos en forma efectiva tendrán una mayor posibilidad de conquistar el voto joven”. (Colaboró: Ana Isabel Zárate)

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